(08/2016)
Poco a poco desollando
Capas de polvo aferradas al cuerpo.
Quisiera poder abnegarme
Y entregarme al sinsabor de la noche.
Aquel, que me encauza sin salida a la angustia
De no tenerte de repente,
De alejarte apenas me pierdo entre la gente.
Conectados por hilos imperceptibles al resto
No sabes cómo alimentas
El frío de este pobre verso.
Amor en migajas, retazos rotos de copas,
Espejismos en nebulosa que deambulan en el aire.
Añicos mis reflejos al verte
Pierdo el sentido cuando pretendo encontrarme.
Malas rimas, besos ripios que no sirven.
¿Para qué manifestarme?
Si cuando deseo escribirte
No puedo expresarme.
Transmitir el tumulto, cúmulo de sensaciones
Que se vieron derramadas por la sangre más caliente.
Resulta increíble
Que existan modos para acercarnos,
Que no hagan más que separarnos.
Tú y yo, de la mano, en lucha implacable
Con brazos que miran
Hacia diferentes horizontes.
Lenguajes anticuados
Una mirada indescifrable.
Caminos que se entrecruzan
Para finalmente disiparse.
El dolor de verte diferente
De saborearte y no tenerte.
De poder oírte pero no escucharte,
Mirarte queriendo verme
Y observar que ya no estás,
Que no te encuentras en mi lado.
Que el frío se ha vuelto más frío
Desde que ya no es suficiente tu abrigo.
Nada queda de lo que fuiste
Nada que ver,
Nada…
Me sumerjo en la nulidad
De lo que fuimos y no seremos,
hace tiempo que dejamos de ser.
Me sumerjo en la inconsciencia.
En la incontinencia de no poder
Frenar el reloj cuando la vida dicta
Que hay mejores cosas que hacer
Que ir andando a tientas.
Cuanto más mal me quieres
Más me alimentas.
Utopías que revientan,
Idealizaciones que se sueñan
En tiempos perecederos.
Tiremos a la basura los buenos recuerdos,
Sigamos jugando a que cada vez
Nos queremos menos.
Mientras,
poco a poco, me voy desollando,
De polvo, capas y capas que se aferran al cuerpo.
A veces quisiera poder abnegarme
Y entregarme…
Supongamos,
Una vez más,
Al miedo.
Miedo de no encontrarte, de no tenerme
Pavor de perderte, de nuevo perderme.
Dejar de ser yo para serte,
Traicionarme y besarme.
Despertarme en la noche gritando tu nombre.
La misma historia de siempre.
(10/2013)
El mundo, ese mismo que nos ha separado, que nos ha reunido,
que me da ha dado el regalo de temblar por tus ojos
de beber de tus manos, de hincharme el pecho cuando te beso
que me ha dado el placer de conocer tus adentros.
El mismo que me ha dado el nerviosismo, de desvivir si tú estás lejos
de conocer el miedo si no te tengo, que me dio la inspiración
cuando sentí que te había perdido.
De ser un artista indefenso, y un poeta que está muerto
que solo vive para morir en tus ojos, que solo se encuentra
cuando inventa Castillos, atardeceres en la Toscana,
velas que se apagan por el susurro de un te quiero
y un cosquilleo en la espalda, un dedo furtivo en la nuca,
una lengua de hielo que divisa el horizonte,
que se moja con el agua de las duchas que veremos,
y que choca contra tu sonrisa, estrepitosamente.
Los sueños que cumpliremos, las metas que lograremos,
todo está tan cerca que quema, pero yo lo quiero vivir ya todo
porque quiero saborear el mundo contigo, compartir mis ojos
que tú me veas por dentro, cada segundo, y me comas las entrañas.
Te dejo eso, te dejo todo, hasta esos detalles que no me salen.
Para que veas, te dejo el humo del cigarro por si lo quieres,
pero por el amor del destino que nos ha unido,
quémate conmigo también, y déjate hacer a fuego lento
porque tenemos todo el tiempo del mundo,
y yo ya no sé tocar las nubes, si no es contigo.
(¿?/ 2012)
Las caladas esta noche, ya no huelen a despedida
ya no duelen las rozaduras de las quemaduras,
de tus besos huecos en el silencio,
del eco de tus sollozos,
que regresan a mí, en esta tétrica noche.
Aun viajo en el asiento a destiempo,
aun bailo las canciones al compás del viento,
qué decir, pues no siento ni padezco,
aquel fantasma de lujuria,
aquel derroche en el fondo de tú coche.
Sé, que buscábamos sosiego, rincones,
buscábamos dónde sabernos tiernos.
Y nos encontramos dando girones,
tan duros, como piedras al choque,
creando lumbre que nos alumbre,
creando alambre, que nos sostenga.
Y que sostenga pido, a este hilo de la noche
que te sujete un momento más en este instante
que dulcifique tu severo semblante
aquel que escapó con rumoroso sigilo,
Aquel que escarbó las ruinas de mi mente
perdidas en los pasos del olvido.
( ¿?/ 2012)
Una mirada de soslayo, un corazón oxidado
inadvertido, entre la gente.
Una soledad en un minuto de silencio,
cualitativo es el hecho de que intento contarte.
Pequeños placeres en esos detalles,
imperceptibles tus guiños en la bruma,
del velo de unos ojos que no saben verte,
la carga de un miedo a saber entenderte.
Pequeños gestos cruzan océanos de viento
dignos de un braille sin entendimiento
y un cuento que no supe relatarte,
con puntos suspensivos que escupían segundas partes.
Y aquí estoy, en un intento de tirar el
manual que me permite verte entre la gente.
Pero me descubro, con el pecho abierto
delirando de libertad, desnudo de limitaciones,
inhalando cada segundo que compartimos
y que sabe a divino, auténtico... utópico.
Fructífera la noche en que te miré a los ojos,
me redescubrí y me descubrí de mis miedos,
de ese velo impregnado de un verde esperanza,
esperanza que me decía desde tan adentro:
- Cierra los ojos, vamos a contarnos cuentos
que solo tú y yo entenderemos.
(¿? / 2013)
Todas las veces muero en ese mar de tus ojos,
ese oscuro pasatiempo de tu mirada.
Cuando duermes, es el duende que
se sumerge en las curvas de tu anatomía,
pestañeas, y es el mundo quien se mueve,
y un cobarde que se rinde,
y un amor que ya no escuece.
Dueño eres de mi tiempo, de la voz, de los acordes,
de las agujas que disipamos mucho antes de chocarnos.
Me enseñaste a mordernos sin hacernos daño,
a contar mentiras con los puños cerrados y los ojos
labrados, los labios tatuados, de-liberaciones sin lucro,
y cosquillas en la punta de los dientes.
La ligereza es tu bandera, y tus manos, mi bálsamo.
El fluir de tus palabras quienes acompasadas
bailan con el susurro del tictac que te pertenece,
despertándome.
Pero cómo explicarle a este mundo,
lo que es saberse enredar en tu pelo
y el cúmulo de sensaciones que me mueve
cuando arrebatados soltamos riendas.
Que por mucho que verse tu cuerpo,
y por mucho que poetice tus dedos,
que me guían en tu figura interminable.
Por más que lo intentara,
no conseguiría rimarte con un beso.