lunes, 10 de febrero de 2020

não há tradução




De um lado
Eu gosto de opostos
E exponho o meu modo, Me mostro
Eu canto para quem?” 
Adriana Calcanhotto – Esquadros. 




          Poco a poco vou enchergando más de cerca lo que significa la escritura para mí. Seu jeito de ser no mundo, al menos en lo que a mí respecta. A gente no comprende del todo lo que es la escritura hasta que no la siente na pele, vertiginosa, cadavérica. 
Me siento ligada a Anzaldúa cuando habla de la palabra desde la carne porque entiendo que ese es el único jeito en el que se puede hablar de escribir. En ella brota sangue, metafórica y no metafóricamente hablando. La metáfora es la puerta por dónde se sale al mundo de los no vivos. Significa un túnel.

La leo, y siento que sou duas – dos en português tiene género y yo empiezo a odiar a los neutros, salvo cuando son para incluir a la mayoría – a gente sabe disso. 
Sou duas pessoas cuando me adentro en las fronteras del léxico. Siento que con eso también me estoy posicionando en un espacio. Gloria me ha dado eso, aunque no sea a mí a quién iba dirigido. 
El léxico está limitado por la experiencia de una lengua. Existen vacíos conceptuales que han de ser rellenados, máguas, feridas... que viram-se multiplicidades. Al escribir en dois me da la sensación de que tránsito, al fin. 

Acredito em que achei la Forma. Aunque faltan ciertas reglas, sé que estoy cerca. Aún me tiembla la lengua. Além, de una manera casi metafísica. Los conceptos gravitan y se reconcilian en este preciso momento, el arte adquiere vida porque adquiere multiplicidad, es maleable, se articula y estructura conforme devienen cambios. Ejerce su propia musicalidad bajo una rítmica nova, bagunçada, impermeável. Solo yo conozco esa nova música: tropicalista, tal vez. Tomara som de berimbau, ojalá. Comprendo mis limitaciones como compositora, me remito al lenguaje que conozco y le doy forma. 

Saudade de ser outra, sigo siendo yo en el espejo, oigo decir a Pizarnik. El discurso lineal ha muerto nesta noite terrível, agora fecha os olhos, sou você que te chama.





11/02/2020
Bajo, "Borderlands/La Frontera" - Gloria Anzaldúa.




sábado, 9 de noviembre de 2019

Imagen



     Todo se ha concentrado en una imagen. Ahora consigo al fin, verla nítida, perfecta, como si hubiera sucedido ayer.
Venía de haber estado fumando un cigarro en el balcón de la cocina mientras miraba nostálgica la Bahía. Al terminar, y aún con el regusto a ceniza en la boca, me dirigí al salón y para mi sorpresa te encontré de espaldas, completamente desnudo y resplandeciente. Estabas recogiendo las sabanas del suelo y bailabas al ritmo de una canción (recuerdo perfectamente cuál era la canción, pero ahora mismo resulta irrelevante). Me detengo en el rellano de la puerta y te miro atentamente el culo, la espalda, tus formas, y me recreo largo rato en esas vistas. Te das la vuelta y veo que llevas puesta esa pajarita que tanto me gusta, la roja, azul y blanca que llevaste en Nochevieja y con la que tanto nos reímos. Estás tan puro así... cómo me duele. Me viene a la memoria eso que me dijiste sobre la gente "disfrutona" y me entran ganas de disfrutarlo todo de golpe. Pero me quedo quieta. Por un momento, me asalta la certeza de que lo que está ocurriendo en ese preciso instante no va a volver a suceder nunca más, y no dejo de pensar en que tengo que escribirlo lo más pronto posible. De súbito siento el miedo terrible a perder los hilos de la imagen. 

¿Qué iba diciendo? Ah, sí… te das la vuelta. Me sonríes con esa sonrisa tuya que no pesa, e inevitablemente siento cómo me diluyo en el suelo. Entonces, me fundo al tiempo que una brizna de aire me recorre la nuca, qué feliz soy, te oigo decir entre medias. La música no deja de llenarlo todo, y la irrupción es mínima. Fue algo que pasó totalmente desapercibido, pero ahora que lo escribo parece como si lo oyese con toda claridad. Qué feliz soy. Me das un beso en la frente, y yo te huelo la crema en el pecho que aún no se ha impregnado del todo, una crema recién salida del agua. Veo que se te ha quedado alguna gotita en el cuello y te la esparzo con la cara. 


Volver siempre a la imagen y recuperarla, tener el poder de traerla una y otra vez. Eternizar y eternizarte en el instante, descubrir la fórmula. Eso es la memoria. Qué feliz soy... crema de baño, me asalta así el regreso de una piel mojada.



13/01/19

23/09



De nuevo vuelvo a Clarice, y ya con esta es la cuarta. Después de la estrella, el agua y la cucaracha, deviene la madurez, y con ella, la ignominia. Procuro leer a Clarice cuando estoy en el abismo, porque considero que debe leerse así, un poco roto. En lo que a mí respecta puedo decir:

Para hablar de Clarice hay que hacerlo con urgencia. Existen diversos lenguajes en el mundo, diferentes estilos literarios, distintos modos de contar, y luego está la lengua de Clarice, una lengua viva, latente. Para hablar de Clarice hay que hablar como/desde Clarice, pues ella misma es quien se cuenta con las voces de otras. Se resucita, se hace cuerpo, su lengua revive con cada hálito de letra. Clarice es la meta, es el metalenguaje, es su máxima aspiración: sobrevivir al tiempo, superarlo. Es la reverberación narratológica, no hay ensayo que aborde su escritura en la que ella misma no esté presente para observarlo todo desde una posición de privilegio. ¿En serio que no hay una forma para hablar de Clarice que no sea queriendo ser como ella? No, Clarice mató la paráfrasis. No hay lugar para la crítica, su lengua de fuego arrasó con todo, incluso con lo más subjetivo. Su lenguaje puro procede de algún génesis desconocido, un génesis sin nombre, que no puede ser descrito, solo hablado sin meta, sin fin.

Me gusta Clarice, no tendría sentido decir que me gusta su escritura, porque Clarice ES texto, no su Texto, es el Texto en donde ella misma se alude y se sustrae. Me gusta por razones gravitatorias y por razones de salvación. Por razones dialógicas también, es reconfortante no saberse solo entre tanto jaleo. Leer sin pensar, apenas entendiendo, crepitar por el texto bajo una voz que interpela. ¿Te leo-me lees? Qué dices, ya no (me) escucho. Recorrer Clarice es tantear la esquizofrenia, es estar en el borde, en la linea... el sabor de un cierto privilegio a poder, salir. Reconozco que a veces pesa estar tan desposado. Pero sí, hay ciertos autores con los que hay que tener una capacidad de entrega como quien va dando palos de ciego. Estar ciego es verse por dentro ¿tú dirías algo así, Clarice? Seguramente no. 



miércoles, 30 de octubre de 2019

Cuestionario Proust


¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?

Me es imposible concebir la idea de felicidad perfecta (quien sepa cuál es, entonces es que tiene la fortuna de conformarse con poco) Concibo sí, la idea del ser humano buscando la felicidad "perfecta". Pienso que existen momentos felices, cuadros costumbristas, vermús de domingo que se solapan, trabajar de lo que te apasiona, quedar con unos pocos amigos, poder hacer alguna que otra escapada. Levantarse sin mirar el reloj, hacer el amor.


¿Es un día soleado la felicidad? ¿Son las gentes que viven en los trópicos más felices en general?

Pues por experiencia propia, cada vez estoy más convencida de que sí. He vivido en lugares más húmedos donde llovía prácticamente todos los días y he vivido y estado en lugares donde hacia más sol y más calor. La lluvia sirve para limpiar, y el sol para ver. Ver nos ayuda a conocer las cosas, a sentirnos estables, despiertos, frescos. Si lo piensas así, tanto la lluvia como el sol son indisolubles, pero en este caso habría que darle esquinazo a Horacio cuando mencionaba la importancia del equilibrio. No hay yin y yang, sino mañanas de sol, fotos de atardeceres, un mar enteramente azul claro. En mi caso miro a las personas y las cosas a través de la luz que reflectan, me permite retenerlas y, por tanto, disfrutarlas más y mejor. Vivo obsesionada con la imagen, con sus bordes, para mí que haga sol es indispensable.


¿Cuál es su viaje favorito?

El que traza la nostalgia, volver sobre mis pasos y detenerme.
También Río, en avión, me encanta viajar en avión.


¿Cuál es su gran miedo?

Morir sin dejar huella. 
El Alzheimer. 


¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de sí mismo?

El mal orgullo. La vergüenza de ser vista en situaciones de debilidad.


¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de los demás?

La hipocresía, hablar por hacer ruido. 


¿Quién es la persona viva a la que más admira?

Mi pareja, por su luz natural, por su positivismo y humildad ante la vida. A mis amigos, por soñar en el tiempo que les ha tocado a pesar de no pertenecer a este tiempo. A mis padres, por su esfuerzo. 


¿Cuál es su mayor extravagancia?

Mi debilidad por la luz. Ver el sexo como algo estético.


¿Cuál es su estado de ánimo actual?

Límbico, fronterizo. 


¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?

La madurez.


¿En qué ocasiones recurre a la mentira?

En la literatura.


¿Qué persona viva le inspira más desprecio?

Abascal, Bolsonaro, Trump. Todas aquellas personas que apelan al odio y a la guerra mientras otros ejecutan. 


¿Qué o quién es el amor de su vida?

Mi hermana. La quería antes de nacer y la querré siempre.


¿Cuándo y dónde fue más feliz?

Cuando cursé mi máster en Madrid y conocí a un grupo de personas maravillosas con las que compartí mi amor por la literatura, que es la vida. Conocí una ciudad por la que hoy mantengo un duelo. Ahí descubrí que una no solo se enamora de personas, sino también de personas que son lugares y viceversa.


¿Qué talento le gustaría tener?

Buena memoria. No como Funes, pero casi.
Saber tocar un instrumento: la batería (para traducir el ritmo), la guitarra (para tener con quien hablar cuando se está solo).


¿Cuál es su pasatiempo favorito?

Observar, dejarme sorprender. Hablar con gente que conozco y que no conozco. 


Si pudiera cambiar una cosa de usted, ¿qué elegiría?

La falta de confianza.


¿Cuál considera que es su gran logro?

Conservar la sinceridad conmigo y con la gente que me rodea. Me considero fiel a mis principios, confío en que eso existe, y saber hacer autocrítica cuando es preciso, tomarme mis tiempos y mis espacios. Saber respirar, aunque a veces cueste.


¿Dónde le gustaría vivir?

En la saudade.


¿Cuál es su bien más preciado?

Mi memoria.


¿Cuál es para usted la máxima expresión de la miseria?

La gente que se lucra a través de la desgracia ajena. Recuerdo que hace unos meses fui a la inauguración de una exposición de fotografía que decía destinarse a crear conciencia. Vi fotos muy duras en las paredes y en la sala, grupos de personas bastante mayores peleándose por el catering y bebiendo vino a raudales. En la pared una niña era inmolada, al otro lado un niño desnutrido. Yo también bebí vino ese día, hasta que vi lo que sucedía y me fui. La expresión de la miseria es el momento en el que te das cuenta de que eres igual de miserable que el resto. 


¿Cuál es su ocupación favorita?

Observar, retener, elucubrar.


¿Qué es lo que más valora en sus amigos?

La predisposición.


¿Cuáles son sus nombres favoritos?

Los que les pongo a las motas de polvo. 


¿Cuál es su gran pesar?

La presión social e individual. La globalización, el capitalismo, el fascismo, el machismo… ¿cuándo los -ismos dejaron de ser positivos?


¿Quiénes son sus escritores favoritos?

María Zambrano, Clarice Lispector, Hélène Cixous, Tabucchi, Dostoyevski, Kawabata, Pessoa, Gabriel García Márquez, Horacio Quiroga, Ribeyro… y las que vendrán.


¿Quién es su héroe de ficción?

Macabea, en La hora de la estrella. Aunque no tengo claro del todo si fue un personaje de ficción, pero sin duda fue una heroína. 


¿Qué es lo que más le disgusta?

La apatía, gente que trabaja de lo que no le gusta, la falta de pasión. 


¿Qué es lo que más le gusta de su apariencia?

Mi humor.


¿Cuál es la cualidad que más le gusta en un hombre?

Que acepte sus cualidades de mujer.


¿Y en una mujer?

Que acepte sus cualidades de hombre.


¿De qué es lo que más se arrepiente?

De mi inconstancia.


¿Qué palabras o frases utiliza con demasiada frecuencia?

Fluir.
Apelativos y variantes de cucu, cuqui ... 


Si muriese y pudiera reencarnarse, ¿qué sería?

Un pájaro. Un loro o un vencejo, estos últimos nacieron para volar, sus alas fueron concebidas estrictamente para ello y se pasan toda su vida volando. Duermen volando, hacen el amor volando, y yo, aspiro a hacer el amor volando. 


¿Cómo le gustaría morir?

De vieja, con vistas a los Valles Pasiegos, o algún monte verdísimo.


¿Cuál es su lema?

Aprecia los detalles. Lo más importante no es lo que se mira, sino cómo se mira.





sábado, 15 de diciembre de 2018

Lecturas



         Era recurrente encontrar alguna mancha de sangre entre las hojas. Cuando menos me lo esperaba me encontraba con alguna huella arrinconada a un lado, muy al borde de las líneas, como si se tratase de una especie de marca de agua. 

O un pie de página del cuál no entiendo el significado. 

Tengo entendido que algunas personas escriben para anotar algo que creen que es importante, o simplemente para encontrar algún sentido. Yo me muerdo porque no entiendo, me muerdo incansablemente, de una manera casi enfermiza. Acto seguido suelo doblar la página para volver sobre ella y así poder interrogarme a vontade. Deduzco que así, las marcas rojizas me ayudarán a volver sobre el texto e intentar comprender el por qué están ahí.

Lo que suele ocurrir es que de repente me sobresale un trozo de piel. Luego, me miro incrédula la brecha, y me muerdo más fuerte si cabe. Tengo una tendencia al dolor un poco cobarde, como quien quiere hacerse daño, pero solo es capaz de hacérselo un poco. Como aquel que fuma y no le produce placer. Como el que solo quiero notar como le rasca el ácido por la garganta y al instante, recula y se arrepiente. Algo así como para constatar (a alguien, a sí mismo) que se vive, y que le duele la vida, tal y como duele un mordisco de alguien a quien se quiere mucho. Es decir, se trata solamente de un dolor moroso, de un ritmo dulce. Algo, a decir verdad, muy característico. 
De ese modo, precisamente, me muerdo, intentando por todos los medios que sea a la velocidad exacta en la que la página gira y desaparece, tras una corriente inusitada del agua de un manantial que aún desconozco. 

Estaba yo pensando todo esto cuando leyendo un libro de Clarice Lispector leí lo siguiente: Y no olvidar, al comenzar el trabajo, estar preparada para equivocarme. No olvidar que el error muchas veces se había convertido en mi camino. Siempre que no resultaba cierto lo que pensaba o sentía, entonces se producía una brecha. Morosa, continuo (no sin cierto recelo) por el camino trazado… mi error, no obstante, debía de ser el camino de una verdad: pues únicamente cuando me equivoco salgo de lo que conozco y entiendo… la verdad tiene que estar exactamente en lo que jamás podré comprender. 

El dedo de súbito me supo a salitre. Vi de nuevo un trozo de piel desgajado, no se trataba de algo asqueroso, no, sino más bien sutil, casi como un aviso, una advertencia. Acto seguido me mordí más fuerte, finalmente brotando. Fue entonces cuando entendí que debía salir.